Como saben los buenos maquetistas, un detalle convincente puede llenar de atractivo y verosimilitud un paisaje entero. Antes que poblar la maqueta con infinitos detalles que pueden pasar desapercibidos o, lo que es peor, sobrecargar el cuadro, es preferible una dosis proporcionada de buenas texturas, de acertados materiales. En el caso del portal de Belén, una pared sabiamente desconchada, un viejo toldo rugoso, un madero bien trabajado, llenarán de encanto y autenticidad la zona que ocupan en la maqueta. |
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